Pensaba, mientras miraba el río pasar,te escuché varias veces en el sonido del caudal,
te llamé incesantemente con el ruido de mis voces interiores;
hasta que te vi ahí frente a mi.
Éramos solos tú el río y yo….
No hubo palabra alguna,
ni reacción más aparente que nosotros ahí,
viviendo al fin el momento eterno,
sin más testigos que el río y su pasar,
No había nadie más,
solo ese lenguaje nuestro de miradas que se dicen todo.
El aire y su silencio místico nos dieron el preámbulo perfecto,
tu mirada y la mía unidas en más;
pudimos entender que el río, los años, la vida y su pasar,
nos dieron mucho y nos quitaron todo;
porque nos amamos hasta no amar más,
porque encontramos los límites y osamos cruzarlos;
Sin saber y con el dolor de la renuncia trascendimos el mismísimo amor;
ahora tú vienes, estás aquí;
Tú, el río y yo,
Las miradas, tu mirar; tu mirada
– Ay esa mirada-
Después de tanto río, vida y pasar;
después de habernos trascendido, sabemos que
no necesitamos fundir los cuerpos para sentirnos unidos;
esa mirada habla, abraza y hace mucho más;
Ahora vivo en ti, tu vives en mi, y ahora sí el momento es eterno;
sin más testigos que el río y su pasar.
Los cuerpos no caminan solos,
tenemos nuestra mirada, la vida, el río y su pasar.